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La Coctelera

21 Febrero 2009

Cuentantáneo

caperucita-roja1

(Cuento de improvisación empleado en mis clases de Risoterapia. Cada asterisco es un sonido a reproducir por el público, mientras se va desarrollando la acción en escena)

Erase que se era una niña a la que todos la llamaban Caperucita, la pija. Un día, estando en su casa, recibió una llamada a su *teléfono móvil. Era Cenicienta, que la invitaba esa misma noche a ir a la inauguración de una discoteca nueva. Sin pensárselo dos veces, cogió sus zapatitos pijos y su bolso de la Toustón, se maquilló, se peinó, y se puso postizos en el sostén para Dios sabe qué. Al salir, cerró con *dos vueltas de llave la puerta de su casa, y conectó, por si las moscas, la *alarma anti-lobos.

De camino por el bosque se encontró a los *Tres Cerditos, y le hizo mucha ilusión porque hacía mucho tiempo que no los veía, así que abalanzándose hacia ellos, les dio un gran abrazo. Sin embargo, los *Tres Cerditos estaban desconcertados, asustados, cagados de miedo, vaya, *gritando y llorando en medio del bosque. Lo que no sabía Caperucita es que habían sido mordidos por una *avispa con muy mala leche, que a su vez antes había picado a Bin Laden, escondido también en aquel profundo bosque.

Los *Tres Cerditos, del miedo que sentían, le dieron un empujón a Caperucita y le hicieron caer a tierra, aplastando multitud de *hojas secas.
Cuando ella se encontraba en el suelo, los *Tres Cerditos quisieron morderla en el cuello y convertirla en uno de los suyos, pero en un acto reflejo, Caperucita sacó un spray de defensa y lo *aplicó contra ellos, dejándolos aturdidos el tiempo suficiente para poder escapar y dejar a atrás a los *Tres Cerditos.

Caperucita siguió caminando por el bosque un buen rato, pisando continuamente *hojas secas, que la delataban. Para empeorar las cosas, el cielo se tornó gris, y una *lluvia tenaz sorprendió a Caperucita, que estaba desamparada y sin poder pedir auxilio a nadie. Empezó a *tronar y los *relámpagos vislumbraron una casa al final del camino, así que corriendo lo más que pudo, se dirigió a aquella casa para salvaguardarse de la tormenta.

Picó al *timbre. Nadie contestó. Volvió a picar al *timbre. Seguían sin contestar. Esta vez, *dio golpes a la puerta. Y esta, se *abrió por sí sola. Una vez dentro, encontró siete camas diminutas y ya que estaba muy cansada, decidió abrir su bolso y sacar su pijama para colocárselo, no sin antes quitarse los postizos, claro. Luego, se fue al cuarto de baño y abriendo el grifo, dejó correr un *hilo de agua para limpiarse los dientes y lavarse la cara. Más tarde, y aprovechando la situación, sacó del bolso su Epilady, y comenzó a *depilarse las piernas, que parecían más bien las piernas de un oso que las de una niña. De cuento, vaya...

Dos horas después se dirigió de nuevo al dormitorio y se acostó en una cama cualquiera, *crujiéndole todos los tornillos de esta. Acurrucada bien y a creyéndose a salvo, se tapó con la manta y no tardó mucho en dormir. Ni mucho tiempo, todo sea dicho, para *roncar.

Los enanitos, *siempre cantando, volvieron a casa después de un día duro de trabajo en la mina buscando diamantes para poder venderlos a las más exclusivas tiendas en Londres. Todos menos uno, que había quedado rezagado por el camino oyendo el *piar de los pajaritos.

La sorpresa, naturalmente, fue encontrar tal cantidad de pelo esparcida por el lavabo que ni se podía entrar en él. La segunda sorpresa fue encontrar a Caperucita durmiendo como un lirón o mejor dicho, *roncando como una fumadora empedernida, a pierna suelta.

Caperucita movía la cabeza de un lado a otro, como teniendo una *pesadilla, y de vez en cuando hacía también *gárgaras. Los enanitos, muy cuidados ellos, trataron de despertarla con un *silbato, con una *bocina y con un *martillo eléctrico, pero tenía cogido el sueño tan profundo que desistieron.

En ese momento, llegó el séptimo enanito, con una actitud muy extraña... Ay! Había sido mordido por la *avispa; o peor aún! Por Bin Laden! Así que, sin dar escapatoria a sus compañeros, mordió uno a uno, dejándolos inconscientes en el suelo. Cuando éste vio a Caperucita en la cama, trató de morderla, pero esta, despertándose en el justo momento, como en las pelis de acción, le hizo una llave karateka que lo dejó KO el suficiente tiempo para vestirse, ponerse de nuevo los postizos y *fregar los platos de los enanitos antes de su huída hacia el bosque.

Después de haberse recorrido una maratón, llegó a casa de Blancanieves. Así que picó al *timbre. Y BlancaNieves le *abrió la puerta. Dentro ya, Blanca observó la palidez de su amiga y le invitó a sentarse en el sofá que recientemente había comprado en IKEA. Caperucita, como buena maruja que era, le explicaba todo de pe a pa, mientras el *silbido de la cafetera avisaba que el café ya estaba listo para servir. Blanca se levantó y ofreció una taza a su amiga. Luego se levantó y se dirigió hacia una radio. La *encendió y trató de *sintonizar con la emisora bosque encantado.fm.

Las dos, atónitas, estaban escuchando que todo el bosque parecía poseído, y el miedo corría por sus venas según el locutor narraba más y más lo ocurrido...

De golpe, se escuchó un gran *estruendo. Todos los seres del bosque, infectados por la picadura de la dichosa *avispa, tiraron la *puerta abajo. Para colmo, BlancaNieves también era una de ellos y Caperucita, harta ya de que la persiguieran, sacó una flauta de su bolso y empezó a *tocarla. Todos, ensimismados por tal melodía, la escucharon atentamente, y decidieron seguirla hasta el infinito y más allá. Desde ahí, Caperucita los llevó sin rechistar a un centro médico para hincharles de supositorios y curarles, con lo que todos, caminando como podían, fueron a agradecerle enormemente el gesto.

Así que Caperucita pudo por fin disfrutar de una *noche loca con su amiga Cenicienta, y por qué no, conocer al hombre de sus sueños, un hombre con turbante blanco y barba casposa…

8 Febrero 2009

El mundo nos parece grande, y como él, somos grandes…

Cada uno con su propio caparazón, cada uno con su propia historia, su propia versión de la vida.

Así que, ¿qué nos ata para no explorarla?

Salgamos a ver.

A opinar.

Pero nunca dejemos abatir el ánimo.

Porque los que no nos interesen, deben dejarles hacer su propio camino.

Y dejarlos marchar.

¿Sabéis por qué?

Porque no podemos perder ni un solo instante.

Hay que ver, olfatear, saborear, palpar lo más que se pueda en esta vida, sin perder tiempo ni energía en gente que en seguida se acostumbra a hacernos daño.

Saquemos las antenas y seamos receptivos.

Os aseguro que los primeros rayos de sol serán nuestros.

20 Enero 2009

Un tiempo para todo

Hay un tiempo para todo. O sea, hay varios tiempos, como en un partido de fútbol, y uno va detrás del otro, incluidas las prórrogas, si fueran necesarias. Por ejemplo, nuestro calendario se organiza de multitud de ellos, y se les llama fiestas; o en el peor de los casos, se les llamaría “puentes que otro año no cogeré”. Pensándolo bien, llegado el momento, nos quedaríamos sin esas prórrogas, y eso se nota, porque cuando tienes que ir a trabajar parece que el resto del mundo haya desaparecido sin previo aviso de él, y entonces ¡zas!... Se desvanecen aparatosamente las posibilidades de comprar una bolsa de croissants calentitos en una panadería, o desayunar tranquilamente en el bar de la esquina antes de hacer el sacrificio sobre humano de querer aparentar, en esos momentos, algo que no eres, y es que creo que dejamos de ser personas cuando esto sucede. Dicho de otra manera: en todo el tiempo hay un tiempo para todo, pero no todos empleamos nuestro tiempo en todo; la gran mayoría prefiere creer que dispone de todo el tiempo del mundo para emplearlo en otras cosas que carecen de importancia.

Siempre solemos hacer las cosas a última hora… como si hubiera alguna, y un segundo después el mundo cayera estrepitosamente por un precipicio, pero lo cierto es que no mirar el reloj de vez en cuando nos acarrea, en ocasiones, más de un problema. O sino que se lo digan a aquellas personas que, por dejar pasar tan descuidadamente los días, no se percatan aún que ha llegado el momento de quitar los ridículos muñecos de Papá Noeles de los balcones. Vamos, que me causa un trauma que, ya casi a finales de enero, el pobrecillo esté aún intentando colarse por alguna despistada ventana… Esto me recuerda a aquella película de la que más que reírme, me provocaba estrés: Solo en Casa. Unos ladrones intentaban por todos los medios entrar desesperadamente al interior de una vivienda para robar, aunque no contaban –digámoslo así- con la diabólica presencia de un niño que se le ocurrían una ideas un tanto extrañas con el fin de evitarlo. Yo creo que estamos en lo mismo: es sospechoso que Rudolf y el séquito de renos no haya venido ya a llevarse a su dueño. O quizás los inquilinos de la casa le han puesto Loctite en las manos y no pueda ahora desengancharse de la mini escalera que a su vez está fijada al ribete de la ventana del salón.

Malgastar tiempo así hace que luego se acumulen circunstancias que no deseamos, como desincrustarlo de golpe y porrazo con un martillo percutor, que le caiga un rayo encima o simplemente se vuelva loco defecando, al igual que lo hacen las palomas, encima de los transeúntes que pasen por debajo suyo. Desagradable, ¿verdad? Así que, desde aquí hago un enorme llamamiento a la comunidad internacional para que, por favor, la gente comience ya a retirar los últimos vestigios de la Navidad, que en El Corte Inglés pronto será ya primavera y eso de llegar a tiempo antes de que el tiempo llegue siempre se pone de moda.

13 Enero 2009

En martes y 13/2

Luego nos quejamos que tenemos mala suerte. Y es que nos empeñamos en seguir recalcando nuestra agenda de cosas pendientes, y claro, como no hay mejores días dónde elegir, va y escogemos al tuntún, sin criterio alguno. Haber…: la comida con la suegra, el domingo; devolverle las pantuflas a la vecina… uhm, creo que no habrá día para ello; mi boda, pues no sé… haber, haber… ¡¡¡Sí, ya está: en martes y trece!!! La cagaste, Burt Lancaster.

¿No sería mejor organizarse? Es decir, ¿no sería mejor pasar desapercibido? Que finjas que el estofado de tu suegra, en domingo, te resulte apetitoso, incluso en verano, vale; pero ¿qué es eso de casarse en martes y trece? ¿En qué estabas pensando?

Solamente, y para rematar la faena, ¿por qué no en lugar de pasar por el pórtico de la iglesia, pasas por debajo de una escalera, te cruzas con un gato negro y en lugar de arroz te tiran cáscaras de pipas de calabaza? Si es que siempre hay un por qué a todo, hombre… No seas tonto y escucha: haz lo mismo que los demás y no seas excéntrico.

¿Por qué crees que las aerolíneas se saltan en los aviones comerciales el asiento trece, los hoteles ignoran igualmente ese número y pasan al siguiente? ¿Acaso el catorce no sigue siendo el trece? ¿O es que llamar catorce a lo que sería un trece lo hace socialmente con más feeling para el público?

Y es que causa respeto colocar el número que le toca. La religión es un buen ejemplo de ello. El capítulo 13 de la Apocalipsis predice la venida del anticristo. Caray. ¿Anticristo es una manera de llamarse ateo? Y esto, ¿cómo se anunciará esta vez, en el metro?

Aunque la ciencia tampoco se libra de la superstición. El Apollo 13 fue el único de los satélites artificiales de la serie Apollos que no consiguió alunizar (desde el primero que lo consiguió), por una explosión en un tanque de oxígeno. Vamos, lo mismito que cuando vas a casa de la suegra y te insta a comerte a toda leche ese guiso porque luego te deparará un postre suculento. Te falta el aire. Y es entonces cuando piensas: ¿No será ella el anticristo y cuando explotó el Apollo fue porque llevaban un taper con su estofado?

Da que pensar, ¿verdad? Por eso, antes de apuntar nada en tu agenda, planifícate, deja los días grandes para los días que crees que lo son e intenta dejar la mitad de tu suerte en manos de alguien que verdaderamente confíes, por si las moscas un día se te olvida, y sin querer, todo va de mal a peor en un martes y trece…

9 Enero 2009

Ya no es necesario buscar a Dios en los templos, ni siquiera cuando algo sale mal y requiramos a grito pelado su etérea presencia.

Ahora puedes buscar a Dios en transporte metropolitano, y el viaje puede ser de ida... y también de vuelta. Así que amar a Dios es más ecológico ahora que hace unos años. Y no sólo eso, sino que he encontrado la razón del abusivo aumento de tarifas de este estrenado año. He visto la luz: se debe a que como Dios es omnipresente, los usuarios cargamos con las facturas que Él deja por hacer tantos viajes al día. Vamos, como pagar al Rey todo el año para que no logre entendérsele por Nochebuena. Eso sí es abusivo...y poco católico.

La paradoja está entre las ciudades de Barcelona y Madrid. En la primera, los carteles que anunciarán a Dios en los buses, será para, precisamente, olvidarse de Él. Es perfecto por si algún día pierdes el bus y, a lo
lejos, aún divisas el lema enganchado en la parte trasera del vehículo:

"Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta de la vida”

¿Puede que no exista? ¡Seguro que no! ¡Por eso volverás a llegar tarde al trabajo!
En Madrid, por el contrario, se ha optado por anunciar a Dios a lo grande, con el eslogan:

“Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo”

Es mejor incluso que cuando le dio por hacer un diluvio universal sobre la faz de la tierra para que Noé hiciera animaladas en un barco parecido al de Chanquete. Sólo que, para que fuera perfecto, el conductor del bus debería llamarse Noé, y entre los viajeros, encontrar al típico cerdo que huele a rayos y mantener en vilo al resto de la manada. Claro, e incorporando nuevos servicios para los viajeros: hilo musical con cantos gregrorianos, suprimir el bono de viajes y dar ostias a todo aquel que suba... a los asientos. Qué violencia, de buena mañana. Y todo, en hora punta. ¡Por el amor de Cristo, eso sí es disfrutar la vida y lo demás son tonterías!

Así que, sin Dios o con Él, lo que está claro es que cada uno es libre de utilizar o no el transporte público, porque el "mensaje", debe llegar a todos los públicos...

Amén.

6 Enero 2009


En Irak, no se lo pensaron dos veces. Sabían que Bush era más de Santa Claus (fonéticamente pronunciado como Santa Clos), aunque aprovechando una vieja tradición de varios lugares europeos, fabricaron este enorme regalito para que él lo recibiera justo hoy, Día de Reyes.

¡No me digais que no es el regalo perfecto!

5 Enero 2009

Melchor, Gaspar y Baltasar se adaptan a las nuevas tecnologías. Desde Infinito+1, en primicia, han publicado esta foto para todos aquellos que esta noche esperan sus regalos...

Pero para eso, recordad: poned galletitas y líquido en la mesa antes de acostaros, que tienen mucho trabajo y queremos que vuelvan el año que viene, ¿verdad?

Antes de montar en las carrozas, afirmaron:

"Que haya ilusión, y todo lo necesario para que la gente no olvide en ningún momento que son lo suficientemente adultos como para vivir esta noche soñando mientras se está soñando en la magia"

3 Enero 2009

Un día, sin más, somos testigos de todo lo que pasa a nuestro alrededor. A veces resulta frustrante, y otras veces aparatosamente frustrante, aunque queda espacio para la esperanza. Es como si lo que anhelábamos desde hace tiempo estuviera al alcance de nuestra mano en un ordinario puesto del mercado dedicado a la venta de utopías. Todo el mundo puede comprarlas, pero no hay el por qué de hacerlo, se tratan de cosas aparentemente comunes que volverán a estar ahí al día siguiente y debido a ello le restamos la menor importancia. Preferimos escoger aquéllas cosas que ya conocemos, y las que son, al fin y al cabo, las más demandadas. Por eso reciben el nombre de utopías, por ser la fruta del deseo imposiblemente visible.

Y es que lo que distingue un sueño de otro es su utopía, el deseo de que se haga realidad o no, y en qué medida esto nos influye, porque aunque sólo se trate de un propósito, por muy descabellado que parezca, puede estar pasándole a la persona equivocada, a esa persona que según tú no lo merece, y sin embargo, está recibiendo todos los caprichos y mimos de su destino.

Pero lo cierto es que queda espacio para la esperanza. De la misma forma que no se puede conducir un coche solamente mirando el retrovisor, hay que mirar siempre hacia delante, y permitirse una pausa, una respiración profunda entre los deseos y las obsesiones, porque sólo hay una forma para que la segunda no se transforme en utopía, y es dejar que acontezca la vida mientras sientes que la tienes en el justo momento en el que has llenado tus pulmones. Sólo así, sin dejar de soñar, estaremos dándonos, inconscientemente, una nueva oportunidad.

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