Resumen del Capítulo I:
Un buen día, por caprichos del destino, me levanté con una nueva amiga. Andrea, mi novia, no pudo contener su emoción al conocerla y se desmayó, con la que la llevé al hospital… Pero hubo un error… O no… Y me sedaron, de camino a quirófano…

Era maravilloso. Podía verme felizmente corriendo entre los extensos prados, y Pita, de vez en cuando, dejaba escapar alguna lágrima que otra. El cielo se teñía con una policromía muy diversa de flores salvajes; así que extendí los brazos y me dejé caer, con los ojos cerrados, en la espesa hierba, para sentir la dulce caricia de la gravedad en mi piel… Qué felices éramos… De pronto, escuchaba, poco a poco, el zumbido de un insecto que se acercaba inexorablemente a mí… Quería abrir los ojos… Pero no podía. Y el molesto ronroneo se hacía sentir más y más… Y no conseguía alzar los párpados… Y más, y más, y más… ¡MÁS, MÁS!

En ese momento supe que, una de dos: o me estaba muriendo (pese a no haber echado la quiniela el día anterior); o por el contrario que aún no había llegado el momento de que sonara el fatídico despertador (con lo que podría dejar mi apuesta para el día siguiente)… Pero había algo que no me cuadraba… Si había llegado la hora de mi muerte, ¿Era tan molestamente ruidosa? Veamos, la típica estampa de una sombría figura, sí, con guadaña y todo… ¿Pero acaso con matasuegras? No, no… No podía estar muerto… Entonces, la probabilidad más agradable y certera es que aún me encontraba en la cama, con Andrea, mi novia, susurrándome al oído y… ¿Pita? ¡Pitaaaaa!

De pronto, me di cuenta de lo que estaba sucediendo… Antes de que el cirujano se acercara más a mí con aquel kit completo de Bricomanía, conseguí reunir las pocas fuerzas que me quedaban, saltando de la mesa de operaciones y huyendo despavorido de allí… ¡Pita! ¿Qué iban a hacernos, amor? ¡Nos iban a separar!

Conseguí refugiarme en una habitación, cuyo centro, al parecer, recaía en una discreta pizarra blanca en la cual había anotadas una serie de palabras presuntamente extrañas para el oído humano… Y rápidamente, me escondí en un armario próximo cuando escuché pasos cercanos, dejando un poco entreabiertas las puertas para estar alerta…

-Foreman, ¿Has hecho ya la electroencefalografía a nuestro paciente o has estado jugando toda la noche al solitario?- preguntó irónicamente un hombre de aspecto serio y sostenido por un bastón.
- No. Precisamente la hice ayer, justo después de hacerle una laparotomía, una colostomía, una oftalmoscopia, y una rinoplastia, ¿contento?- contestó otro médico de raza negra.
- ¿Una rinoplastia también?
-Sí, le hacía falta. Tenía más nariz que Rossi de Palma.
-Eso es cierto- añadió la única mujer de la sala- Bueno, ¿y habéis escuchado lo del hombre que ha escapado del quirófano? Qué fuerte…
-¿Quién le operaba?- dijo de nuevo el hombre del bastón.
-Cameron, creo-respondió la mujer.
-Lógico. Lo extraño es que alguien en su sano juicio se quede ahí sin hacer nada. Vamos, Chase, Foreman, tengo algo que quiero que veáis…

Y justamente después, dejaron la sala en un profundo silencio… Justo para que hiciera efecto el sedante sin que nadie me descubriera… a menos que me diera por roncar a los cuatro vientos…

(Continuará pronto...)

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