Parte I | Parte II | Parte III | Parte IV | Parte V

Parte IV – Alea Iacta Est

Ese sábado iba a ser genial, los huevos en perfecto desperfecto colocados en el buzón correspondiente, el encuentro con Vanessa… Sólo faltaba quedar con ella.

Se armó de valor y le escribió un mensaje en el móvil correctamente escrito, sin abreviaciones, con todos los acentos y comas, porque consideraba así que le daría más fuerza que su mensaje anterior.

¡Hola Vanessa! ¿Qué tal estás? Sé que aún sigues enfadada, pero
de verdad me gustaría disculparme contigo. No fue mi intención, lo prometo.
Déjame verte esta tarde, por favor. Un beso enorme.

Al cabo de una hora de haberlo recibido, ella consintió en contestar. Por lo visto, le hizo gracia el detalle del smile. Así que le propuso de quedar en el mismo bar donde accidentalmente se conocieron, para empezar de nuevo.

Ya por la tarde, Julián entró y echó una mirada periférica por todo el local. No había demasiada gente; la amiga de Vanessa estaba sirviendo cafés en la barra a unos señores; un chico trataba de hacer un sudoku mientras tomaba un refresco en una de las mesas cercanas a las cristaleras que lo separaban del exterior; una pareja acaramelada en una de las mesas del fondo del local, riendo… ¿Riendo?

-¿Dani?- dijo mientras se acercaba con paso apresurado.
-¡Hombre! ¿Qué tal, Julián? ¿Qué, ya le has dado tu regalito a tu amiga, o te lo vas a quedar tú? Ganas mucho con eso puesto… ¿Verdad, Sandra?- respondió el amigo.

Inmediatamente, giró la vista hacia ella y observó que era la misma dependienta que le atendió (o al menos, lo intentó) por la mañana.

-Disculpa que me riera tanto, me provocaste mucha gracia. Ya me ha explicado Dani, y me parece muy bonito lo que estás haciendo- dijo la chica.
-Bueno, no te preocupes- suspiró Julián- Por lo menos, si lo mío no sale bien, me quedará el consuelo de saber que vosotros dos hacéis buena pareja.
-¡Estoy de acuerdo contigo, Julián!- exclamó el amigo- Por cierto, ¿qué haces aquí?
-He quedado con ella aquí ahora. Será mejor que me siente en otra mesa.
-Que vaya bien, ¡ya nos contarás!- dijeron los dos al mismo tiempo mientras se hacían caricias mutuas en las palmas de la mano.

Buscó una mesa iluminada por la luz natural. El sitio era adecuado para hablar. Instantes después, la camarera se acercó a él con paso firme.

-Sé que eres Julián, que eres el tío que le vertió la cerveza encima a mi amiga y que por si fuera poco, te deleitaste con el paisaje mientras estabas en el suelo, y hoy has quedado con ella aquí… Te advierto que voy a estar vigilándote, chaval… Por todo lo demás, ¿qué vas a tomar?
-Esto…sí…-titubeó- Mejor voy a esperar a que venga ella, gracias.

La amiga se dispuso a limpiar la mesa con tal mala gana que le salpicó la camiseta con toda clase de migajas orgánicas, y justo después, cogió el servilletero para colocarlo, con un fuerte golpe, en la mesa de al lado, donde precisamente se encontraba el chico realizando el sudoku, desviándole del susto la punta del lápiz fuera de la hoja.

No había marcha atrás. La suerte estaba echada. Alea Iacta est.

Parte I | Parte II | Parte III | Parte IV | Parte V