Apagad el televisor. Apagad, incluso el standby, el piloto de luz existente en el monitor. Si no hay nada que ver, ¿para qué tenerla encendida? Al menos, ahorraremos un 15% de energía eléctrica anualmente en las facturas tan sólo por no dar coba a algunos programas que parecen reírse de aquéllos que los ven. Porque hay personas que se quedan paralizadas delante de este electrodoméstico simplemente por ver algo, porque se supone (y lo subrayo como una hipótesis) que dentro de unos minutos empezará su programa favorito, o porque simplemente están tan consumidos por la llamada telebasura que son incapaces de agarrar el mando a distancia y cambiar de canal. Es un efecto dominó, pues parece, incluso, que se hayan quedado anclados en el sofá, que el sofá sea una extensión del cuerpo, y que se trate de adivinar con la mente cuál va a ser, durante las pausas publicitarias, el anuncio que vendrá a continuación.

De hecho, a todos nos ha pasado alguna vez. No estoy muy seguro de lo que acabo de escribir, aunque me solidarizo con aquéllos que sí les ha ocurrido. Quizás sea el aburrimiento, quizás la mala indigestión de la cena de anoche, quizás el fuerte magnetismo (y en su caso, el físico) del presentador o la presentadora que nos seduce para quedarnos absortos en un mundo irreal… El caso es que, en mayor o menor medida, en alguna ocasión, nos hemos tragado un programa digno para ser parodiado.

Inicio, así, una serie de capítulos referente a productos televisivos vistos con un toque de ironía y humor, para que seáis vosotros los que tengáis verdaderamente el mando, y no las diversas cadenas que es capaz de recibir vuestro televisor.

¡Que vuestras neuronas os acompañen!

Próximamente, en el Capítulo I…
Productos televisivos: Gane 3000€ demostrando que usted no es tonto aunque lo parezca
¡No se lo pierdan!